sábado, 30 de septiembre de 2017

Qué ídolos me construyo


Qué ídolos me construyo, ¿Cuál es mi becerro, si lo tengo?
Cuando los judíos abandonaron Egipto, según el Éxodo se hicieron un becerro de oro, al que decidieron decir, era “Yhv”, “El que es, El que esta”, el Dios que los había sacado de Egipto
Dios ya les había mostrado su poder, y, sobre todo su Amor
Pero Dios exigía obediencia
El becerro no exigía nada, estaba donde lo ponían y uno le daba u ofrendaba lo que quería, de hecho Moisés los encontró de “verbena”
Porque un ídolo no es una imagen, un ídolo es algo que yo construyo, o que tomo y transformo en mi dios, es decir en mi Absoluto, algo, alguien para mi primordial por encima de todo, algo, alguien si lo cual no sabría vivir no podría vivir, que antes preferiría la muerte, algo, alguien a quien considero debo todo, a quien consagro mi vida
Y, al mismo tiempo algo, alguien que tiene unas leyes que yo me invento, cambio cuando me conviene, que lo llevo y lo traigo, en el sentido de ahora sí, ahora no
Y, puedo hacer ídolos dioses falsos de muchas cosas buenas, incluso puedo intentar convertir a Dios en un ídolo manejable, es tal vez la idolatría más peligrosa
Un dios que no dice lo que dice en La Escritura, en La Iglesia en la conciencia formada en ambas, si no lo que me apetece lo que dictan las modas
Un dios cuya ley varía según convenga
Un dios que no es Amor
O no es justo
Un dios al que sirvo para que me sirva, cuando ha de ser al revés
Este dios por mucho que yo lo identifique si fuese el caso con Jesús, con el Padre, con el Espíritu  no sería más que un ídolo
Y, los ídolos hay que destruirlos, como hizo Moisés, con el becerrito