sábado, 27 de abril de 2024

Orar es incómodo

 

Orar es incomodo

Rezar diciendo palabras, sin sentido, dirigidas a quien no corresponden, sin saber lo que se dice, pensando en otras cosas, será cansino, pero incomodo no es

Incluso rezar pronunciar oración, sin entrar dentro como si uno fuese un loro o un altavoz, pues tampoco

Pero orar. Orar es incomodo, cuesta, hablo de mí

Ponerte ante Dios, “desnudo”, es decir con toda la miseria, ponerte ante Aquel que es, y que lo transciende todo, ante Quien te conoce, porque te hizo, cuya mirada te penetra hasta los tuétanos.

Saber que no tienes nada para ofrecerle, pues todo lo bueno que haya en ti, en mí, es suyo

Alabarlo, sabiendo que no precisa nuestra alabanza, no lo hace mejor, no lo enriquece. Es al que alaba a quien enriquece la alabanza a Dios

Dar gracias, dar gracias desde la miseria, del que sabe que solo puede decir gracias

Pedir, pero no pedir como quien va a una máquina tragaperras, como el niño que patalea ante la mamá, como el amigo pelma que no para hasta conseguir lo que quiere

Esto cuesta y es incomodo

Pero no es lo peor. Lo peor es “Escucharlo”, estar a la espera de su “Palabra”, y sentir su Silencio, su Silencio, porque tu plegaria no es escuchada, porque sientes sequedad

Lo más incomodo es cuando “Te habla”, sabes que es Él porque te da paz, aunque te haga llorar, pues te corrige, o te exige, o ambas cosas, a veces su Palabra, surge durante el mismo acto de oración, puede ser algo, que uno siente haya dentro. Que le amarga y le llena de Paz, como cuando Juan el Apocalepta se comió el librito; o un versículo bíblico, un recuerdo que viene a la mente y al corazón, la frase de un libro...

Otras como Él es libre, no ha hablado mientras tú, yo, el otro hablábamos, pero de pronto

Lo hace por una persona, un animal, una situación de la vida propia o ajena, un libro profano, o espiritual, una homilía, una película

A veces por ejemplo, uno puede orar para ver si debe ir o no a la charla de cuaresma, y no obtener respuesta

Luego suena el teléfono y una persona conocida que no le cae muy bien, o que le cae muy bien es igual, le dice sí le puede hacer el favor de ir al hospital hacer compañía a su hijo, pues ella no puede ir

Y es precisamente a la hora de la charla.

Ahí estaba la respuesta, Dios no quiere que vaya a la charla, pero naturalmente deja en libertad

Pero esa decisión también tiene que tomarla solo, aunque es posible que Él vuelva hablar por otros, pero nunca se nos dirá, “Soy Dios te mando que vayas al hospital”, o “Soy Dios te mando que vayas a la charla”

No, Serra cada uno, pensando y calibrando, o si consulta será la persona consultada quien según su criterio dé su parecer

Solo queda volver al Evangelio, que no es abrir el Evangelio, no es llevarlo en el corazón, para que la mente acuda a él

Y, preguntar a Jesús el orante, qué hubiera hecho. Pues ya lo sabemos cuando estaba orando, y le traían enfermos dejaba la oración, porque el Padre también estaba en el enfermo.

Y los ejemplos podrían alargarse

El resultado es que orar es incómodo, pero necesario y de frutos de paz

Enero 2024

3 de marzo 2024