viernes, 24 de agosto de 2018

Es nuestro Dios impasible y olvidadizo?, por D. Andres G. V. sacerdote

¿Es nuestro Dios impasible y olvidadizo?

Orar, es hablar con Dios. En las familias católicas los niños son iniciados en la oración por medio de rezos. Los rezos son fórmulas o textos de oración, recibidos en la tradición familiar, en la iglesia, en la cultura popular. A los rezos aprendidos de niños les pasa como a los cuentos y otras experiencias infantiles, que se abandonan, cuando dejan de ser criterios de vida. Hay muchas personas que de niños recitaron y aprendieron rezos, pero las palabras recitadas salieron por la boca sin pasar por el corazón.

Aprendieron a rezar pero no hicieron del rezo oración, conversación con Dios, “el Jesusito de mi vida, eres niño como yo…” recitado antes de acostarse como alegre rutina desde los dos años, se convierte en una palinodia de palabras vacías cuando el rezador cumple los ocho o nueve años, y, adiós al rezo

Los rezos aprendidos son solo un medio para iniciarse en la oración, no la oración como tal. La oración es la respuesta de la persona a la experiencia de descubrir en la vida la presencia de Dios, si no damos el paso a la oración desde los  rezos infantiles, quien sigue rezando ahí, queda estancado en una fe infantil que no facilita la experiencia viva de Dios, sino que atranca, y, reduce las confidencias con Dios a una rutina de palabras, encadenadas a las que se les da un valor por si mismas y no por la actitud y comprensión con que deberían  surgir del corazón del rezador

La intercesión de los santos, y, las cadenas de rezos


En la mayor parte de los casos los rezos infantiles van unidos, a una deficiente catequesis causante de que los niños y los mocitos crezcan en medio de prácticas rituales mal comprendidas, no interiorizadas

La experiencia del encuentro vital con Dios, si con suerte o por gracia llega a darse, queda aplazado para un después indefinido

La catequesis deficiente en la infancia desfigura, oculta y aplaza el encuentro con Dios  por medio de costumbres populares de origen religioso, algunos muy enraizados en la tradición familiar católica, el culto a los santos, las peregrinaciones, y, romerías etc. hoy, lamentablemente, tenemos que reconocer que muchos adultos religiosos ignoran, sin embargo a Dios saben curiosidades de los santos, se hacen devotos de imágenes, pero no de la realidad misteriosa de Dios, viven prácticas religiosas deformantes que decoran tapándolas con “la presencia de Dios”. Como me dijo en una ocasión una pareja que preparaba su boda, “Mi moza y yo, somos más de San Judas que de Dios”. Cuando con un poco de formación las personas adquieren un cierto sentido crítico, esta religiosidad se esfuma y se pierde, hasta el punto de que esa pérdida se experimenta como liberación  y la religión aparece como un tinglado de mundos pretéritos y superados

Callar y cantar, contemplar, reír, danzar…

No caben en la oración purificada y vivida con fe,  las prácticas que suponen un Dios olvidadizo al que hay que recordarle su deber. No tienen sentido las cadenas, las cantidades de plegarias para conseguir millones  de rezadores por una causa, “a ver si Dios nos escucha”. En la raíz de estos rezos esta la falta de fe. Dios esta desparecido de la vida de este tipo de rezador.  La fe como experiencia vital, como saberse y sentirse amado, como modo de vivir la presencia, en la alegría y en la paz del amor  que llena el corazón, recrea la oración y, encuentra así modos de oración que escapan de la rutina. La oración llega a ser poética, calma, silencio, creativa.
Se puede expresar con saltos, con danza, con postración, con cantos, con silencio y sosegada respiración, en medio del campo, a la orilla del mar, en la sala de estar de casa, delante del sagrario en la iglesia, paseando…La oración es el modo personal de hablar con Dios

Publicado en “Pobo de Deus”, por D. Andrés García Vilariño, cura párroco de la iglesia de Santiago en La Coruña ( A Cruña). La publicación original fue hecha en gallego. Por el sacerdote citado

La traducción es mía.


Ahora la forma en la que este sacerdote firma en "Pobo de Deus"   A.G. V.