viernes, 5 de mayo de 2017

Duras palabras. Quién podrá oírlas





“Duras palabras, quién podrá oírlas”; esta fue la reacción, de los que  oyeron la promesa de La Eucaristía, y, tenían razón, no sólo en relación al Misterio eucarístico, y, de lo que no voy decir ahora ni una sola palabra, si no a todas las palabras de Jesús, a La Palabra de Dios, es posible que en el primer contacto, cuando la oímos, y, por cierto, La Palabra de Dios, que no está sólo en la Biblia; se oye, incluso, cuando uno la lee, porque leemos el texto escrito por manos humanos, pero oímos, lo de escuchar, Dios sabrá lo que nos dice Dios
Y, en ese momento, es posible verlo hermoso, bonito, fácil de poner por obra, un poco al estilo de nuestro Patrón Santiago, y su hermanito Juan, que dijeron, “Podemos”; sin entender en que lío se estaban metiendo
En la Biblia, cuyos autores se plagiaron unos a otros de forma vergonzosa; hay al menos que yo conozca dos puntos casi iguales; en el primero de Ezequiel
Dios, por medio de un ángel entrega al profeta, unos rollos, se entiende que es la Tora,  y, lo dice que lo coma; el profeta lo come, y le sabe a miel, no, nos cuenta más
Pero Juan en el Apocalipsis, nos narra lo mismo, pero nos dice que si le fue dulce como miel, pero le abraso las entrañas
Y, es que suena muy bien, “amar a los enemigos”; pero cuando ese enemigo, te ha hecho huir de tu país, ha matado a los tuyos, o te ha calumniado, ya no se ve también

Por eso, son duras, duras palabras como La Cruz, y, por eso sin Él no podemos ni escucharlas, oír sólo no vale para nada, ni ponerlas por obra