domingo, 15 de enero de 2017

No hay tiniebla que el Amado no ilumine, no hay Cruz que no lleve Él


No hay tiniebla que el Amado no ilumine, no hay cruz que no lleve a Él
Lo dicen los místicos, y, los no tan místicos como algunos escritores, con Jesús todo es más llevadero no con la fe, no, con Él;  porque la Fe, si Él no forma parte de la misma puede hundir en el miedo, sentir el abandono de Dios, con Él no, porque siempre esta

Dice Bernanos en “diálogo de carmelitas”;  subían al patíbulo cantando, los mártires se enfrentaban  a la muerte con cánticos, Jesús, Cristo sudo sangre, pidió ser librado de la muerte, con lágrimas, a Dios su Padre. Por qué, la razón es muy sencilla, el Padre se había ocultado, Jesús no tenía a nadie, en quien apoyarse, a nadie, se lanzaba él sólo, ni siquiera los que mal pudieran ayudarle lo hacían, estaban roncando; y, qué podrían decirle, hablarle de Resurrección, que nadie conocía, de lo bien que se estaba en el Sheol, de que era Hijo de Dios. ¿Y, sí no lo era, era un buen hombre?, de nada, podrían hablarle

Jesús se veía rodeado de la peor de las tentaciones, la del fracaso, la de verse como un pobre loco, la de ir a hundirse en la nada, por eso Dios le envío un ángel, pero poca ayuda era,  porque luego otras tentaciones vendrían a hacer dudar de la misma
Ningún hombre sintió una angustia parecida, no sabía si moriría en vano, no tenía asidero

Los mártires, cada cristiano que pasa aunque no sea el martirio una tentación, o, una prueba, lo tiene a Él, a él le puede pedir fuerzas, ayuda, puede decirle, sufro contigo, por ti, aunque sabe, que quien sufre en realidad es Él,  Él lleva todas las cruces, Él ilumina toda tiniebla porque por Él sabemos que tras la muerte, está la Resurrección