domingo, 20 de septiembre de 2026

El otro nunca es una cosa. Ni siquiera para que tú y, yo vayamos al Cielo

 El otro nunca es una cosa. Ni siquiera para que tú y, yo vayamos al Cielo

Cada ser humano tiene desde que es concebido una dignidad infinita, porque es imagen de Dios, hijo de Dios.

Por eso cada ser humano, independientemente, de la situación de ese ser humano, merece un respeto absoluto.

Y, no puede ser usado como una cosa

Ni siquiera para ir al Cielo. Aunque desde luego usar a una persona, pretendiendo que por ejercer con ella o él nuestra supuesta caridad, querer ejercer o, ejercer con esa persona, para así, "ganar el Cielo", estaríamos no haciendo el bien, si no usando al otro como un peldaño

Eso no significa que no podamos hacer el bien, tenemos que el bien, pero tenemos que respetar al otro.

Aunque lo que yo le ofrezca, sea bueno, no puedo imponerlo, puedo ofrecerlo, pero no imponer, podré aconsejar

Hay una excepción si la ayuda que tú vas a prestar a una persona, es para que se haga la voluntad de Dios, y, respetar en ese caso, la voluntad de ese ser humano concreto, vaya contra su dignidad o su vida, o peor aún contra un ser humano que depende de esa persona

Por eso hay que oponerse a la eutanasia, al aborto, al cambio externo de sexo, al racismo, a los genocidios, a la explotación sexual y laboral.

En esos casos no vale decir es su voluntad. Porque como va contra la dignidad recibida de Dios, va contra la Voluntad de Dios. Lo que la persona quiera no debe contar mucho más si como el aborto daña a otros.

Hay que alimentar al hambriento, pero si el hambriento no quiere comer no le puedes obligar, puedes aconsejar a una persona que lea la Biblia, que se confiese, que se casé por La Iglesia. Pero no lo puedes imponer, para hacer tú obra buena, pero si "hacer trampa*, orar por esa persona.

A las personas hay que ayudar las por ellas, porque lo necesitan, pero respetando que no quieran la ayuda. Y, precisamente los cristianos que sabemos que lo hecho al otro es hecho a Jesús. Por eso mismo jamás otro ser humano es un escalón, para ganar el Cielo, además el Cielo ya lo ganó Jesús. Lo que tenemos que hacer es aceptar lo. Aceptando a Jesús.