jueves, 18 de mayo de 2023

La Palabra te eleva


Debemos redescubrir el gusto, la pasión por la Palabra de Dios. La Palabra te eleva y te hace ver que tu vida diaria y ordinaria es algo sagrado. Sin la Palabra que hace que tu corazón arda, no puedes hacer mucho más que volver a casa, resignado, pensando que no hay nada nuevo bajo el sol. Sin la Palabra de Dios, nuestra vida tiene poco sentido, poca vitalidad, poca energía. Sin la Palabra, eres, persona que cuenta poco, que vive una vida de poca monta y muere una muerte sin importancia. PP Francisco

Por eso que pena, que los curas en Misa en su mayoría pasen de La Palabra, y se dediquen a hablar de sus tonterías
Y que pena que a veces los laicos en lugar de estudiar, profundizar en ella, amar La Palabra, busquemos lo que dice la revelación que tuvo San Periquin
Que pena, que pudiendo “Escuchar al Señor”, nos contentemos con los siervos,   o peor con sus locuras.

Felices los calumniados



Felices los calumniados y perseguidos y hasta asesinados por ser fieles a Jesús, por procurar imitarlo
No felices sino “pobrecitos”, los que son calumniados por gentes sin conciencia, sino los que son calumniados, los perseguidos y hasta los asesinados, por ser fieles al Evangelio, por buscar a Jesús, por imitarlo en su vida, que es la entrega al Padre y a los hermanos, por procurar imitarlo, por hacer su voluntad
Y que por ello son insultados, tachados unas veces de “retrogrados”, de fascistas, cavernícolas, otras de “demasiado avanzados, de comunistas de rojos”, de machistas, de feministas, de intolerantes, o condescendientes...
Pero no pensemos que en esta bienaventuranza entramos solo los cristianos, no entran muchos sin saberlo, todos aquellos que sufren desprecio,  persecución y muerte por implantar la justicia y la verdad en el mundo, pues ahí aunque no lo sepan están obedeciendo la Voluntad de Dios e imitando y obedeciendo a Jesús.

Ante el miedo



Ante el riesgo de perder el ánimo, las palabras del apóstol san Pablo son una inyección de confianza: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom 8, 35-39).
Aquí podemos poner todo lo que se nos ocurra, el pecado del mundo, la maldad de la sociedad, las burradas, animaladas que podamos hacer, nada nos puede separar del amor de Dios
Pero alguién si, cada uno de nosotros ya sea por presunción o por desesperación.
Confiemos en el Amor de Dios, y desconfiemos de nosotros mismos, cada uno es su peor enemigo.

Al saber que aquello venía de Dios


Al saber que aquello venía de Dios, María, aceptó sin más
María pudo poner a Gabriel es decir a Dios que era en realidad quien estaba detrás del Mensaje, muchas más objeciones
Pudo por ejemplo decirle, que primero iría visitar a su tía, y ver lo que había pasado, y que Gabriel entendiese, pero era muy raro, y hacía siglos que no se daba que una señora mayor de más de 50 años se quedase encinta
Y que además ella dependía de otras personas. Primero lo iba consultar, primero con sus padres, y luego con su esposo con José, porque ella no sabía si a José le gustaría ser padre de un hijo que no había engendrado, como se engendra a los hijos; que es posible quisiera que cuando viviesen juntos, tuviesen sus hijos
Y bueno, que en el caso de que José y su padre le diesen permiso, aún hacía falta otra cosa que Gabriel anunciase a todo el pueblo lo que le había dicho a ella, ah y que durante toda su vida, el Cielo les ayudase, les protegiese y en fin nadie pudiera hacerles daño, al fin y al cabo era la madre del Mesías.
Después de todo eso, bueno lo pensaría ella y a lo mejor le hacía a Dios el favor de aceptar.
Así habríamos actuado muchos de nosotros
María no, a María le bastó saber que era cosa de Yhv, para verse como su propiedad, y decir simplemente
“Yo soy la Esclava del Señor, que se haga en mí tu Palabra”
No precisaba más, su alimento como él que  pronto empezaría a vivir como hombre y Dios en su seno, era “hacer La Voluntad del Padre”.

Al marcar diferencias...


Al marcar diferencias con los hermanos pobres  o marginados las marcamos con Jesús
Cuando decidimos que no son de los nuestros, cuando en las iglesias se les posterga, ya no tanto, al último banco, cuando algunos prefieren no comulgar a comulgar de manos de una persona gitana, negra, mal vestida.
Cuando entramos a la iglesia corriendo, sin saludar o esquivando al hermano que pide en la puerta
Cuando decidimos o dejamos se decida que las personas de clase social inferior, o los pobres o los inmigrantes no tienen derecho a  pertenecer a los grupos de La Iglesia
Cuando los miramos desde arriba, y nos ponemos él que se ponga en lo alto de un banco, y solo sabe dar, pero tirando desde arriba no entregando en la mano, cuando se presume de títulos que lo peor es que la mayoría de las veces no valen para nada, porque no guardan relación
Cuando incluso marginamos y ofendemos al hermano, ofreciéndole una ayuda que no pide, no aceptando la suya, mandandole callar
Estamos marginando, y excluyendo al propio Cristo Jesús.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Esperar la Misericordia del Señor


Esperar la Misericordia del Señor
Es confiar en el Amor de Dios, en que no dejará que seamos tentados ni probados, por encima de lo que somos capaces de soportar
En reconocer que somos los autores y responsables del mal que cometemos, del bien que no hacemos, y pedir perdón sincero no ritual no desde el corazón, con firme deseo de no volver a meter la patita
Y, que para que eso, pueda darse Dios nos va ayudar con su Misericordia
Es no dejarse vencer por el pecado cometido, que mayor es la Misericordia de Dios que nuestro pecado
Es saber que quien dejó el Cielo, para hacerse niño cigoto, embrión, feto, bebé meoncete, un crucificado, solo para llevarnos con él, para borrar nuestros pecados, nunca nos negará el perdón, si de verdad pedimos perdón, si lo que nos duele es nuestra infidelidad hacia él, no las consecuencias inmediatas para nosotros de lo que hemos hecho o dejado de hacer
Eso es esperar la Misericordia
Saber que nada, nada, nos puede separar del Amor de Dios, si no queremos ser separados.

Esperamos la misericordia


Esperamos la misericordia del Señor, y ser saciados en tiempos de hambre
Esperamos o deberíamos esperar la Misericordia del Señor, que no es solo esperar el perdón de las culpas cometidas, es también esperar que su Gracia nos ayude a vencer la tentación
Que si caemos nos ayude a reconocer la culpa, y a buscar su perdón
Y, esperamos ser saciados en tiempos de hambre, no de hambre física, sino de hambre espiritual, hambre del Amor de Dios
Esos momentos en que Dios es casí un residuo de museo, en que salvo nuestra panza nada nos importa, en que el Mal nos rodea, en que nos conformamos con rezar, de boquilla sin parar en nada más, y no siempre, a lo mejor hasta vamos a Misa, y estamos como los muebles de la iglesia
“Que lecturas tan largas, por Dios, pero porque leen tanto rollo, bueno yo aproveche e hice la novena a San Blás”
“Ale hoy el cura se ha pasado en la homilía, de qué siglo será”
“Bueno pero este cura, no va parar de hablar”
Y, claro tenemos la desvergüenza incluso de decir que hemos asistido a Misa
Son momentos en los que a la Biblia, le llamamos libro antiguo cuando son 73, y si alguién nos sugiere su estudio, le decimos, ya voy viejo, aún soy muy jovén, eso no es para mí, no lo preciso
Y, si nos da un día por abrirla, la rezamos porque nos parece un lenguaje extraño
Otras nos da por tomar el rosario, pero lo que rezamos no es el rosario, es un mascullar de plegarias sin saber a quien ni porque, sin parar
Pero al mismo tiempo sentimos que algo nos falta, mejor que nos falta alguien, y lo buscamos en otras cosas,  tenemos hambre, hambre de Dios
Pero como no lo sabemos algunos van al psicólogo
Y un día nos viene a la mente una frase oída en la infancia, una oración, o viendo una película nos asalta una pregunta, y aquello se hace más grande, y descubrimos que Dios está ahí, y nuestra hambre es saciada
Y, entonces palademos su Palabra
La proclamación de La Palabra en Misa, nos sabe a miel, nos encantan las homilías en las que el sacerdote nos vomita encima La Palabra que ha rumiado antes, de rodillas ante el Sagrario, nos sentimos tan llenos que también nosotros vomitamos La Palabra, encima de los demás.
Todos aunque no pasemos noche oscura, pasaremos estos momentos de hambre, pero Dios nos saciará, si claro esta le dimos antes la llave de la despensa de nuestro corazón.