lunes, 14 de agosto de 2017

Renovar la Fe en Dios como Padre


Renovar la fe en Dios como Padre
Es volver a Galilea, a la primera fe, a la fe de la infancia, al Papá del Cielo, al Papá Dios, al Abba, es sacar de la mente, y del corazón ese dios con forma de Jupiter tronante, que se ha colado tantas veces, o que nos han colado, o, porque no reconocerlo, nos hemos fabricado, porque era más fácil
Y, volver al Dios que se revela como “El que es”, El que esta, el Dios que ha creado todo para cada uno de sus hijos, el Dios que nos ha creado a cada uno, para compartir su felicidad, para hacernos sus hijos, y que por eso, nos hizo libres, me regalo la libertad
El Dios que en su Hijo vendrá a salvar a cada uno, un Dios padre, papá cercano, no abuelo, en su Hijos será Hermano, en su Espíritu, Amigo Esposo, no abuelo, pero tampoco, “padre patrón”, un padre castrador, que trata a sus hijos como monigotes, no Dios es Padre, pero Padre Amor, Padre que no fuerza, que busca, que llama, que espera, que perdona, pero que no mete a nadie en el Cielo, que es Él mismo por una oreja, si decido escoger el infierno me respetará, pero hará lo imposible, porque diga si, libremente
Renovar la fe en Dios como Padre, es volver a la frescura del Padrenuestro, es firmarle como hicieron María y Jesús, un cheque en blanco
Es saber que todo lo bueno, viene de su mano, y, lo que tenemos por malo, a veces no lo es tanto, o, él no lo permitiría, también al chiquitin le parecen mal las inyecciones
Tratarlo en la oración
Cuidar ese regalo suyo que es la vida, toda vida, pero empezando por la humana en el seno materno
Cuidar la creación empezando por el hombre
Adorar lo en el Sagrario junto con su Hijo y el Espíritu Santo
Pedirle con la confianza de los niños pequeños, no en la forma que uno va a una máquina dispensadora
Escucharle en La Escritura, en La Iglesia, en La Creación, darle gracias por por medio de Jesús, en unión con Jesús, con María, la que enseño a Jesús hombre a dar gracias, a su Abba bendito, a su Dios y Padre, Padre de verdad, natural hablando a lo bruto


Todo seguimiento a Jesús lleva en si, persecución pero no es castigo es premio


Todo seguimiento a Jesús lleva en sí, persecución pero no es castigo es premio
“Sí a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”
“Bienaventurados seréis, cuando os persigan,  y, os excomulguen por mi causa”
Ser igualados con el Maestro, con el Señor, es el mayor honor que puede recibir un discípulo, un siervo
No quiere decir que todos los cristianos estemos llamados, muchos hoy lo están, a persecución cruenta, pero todos lo estamos, al desprecio, a ser mirados por encima del hombro
Un cristiano que cae bien a todo el mundo, o vive en un convento, y, todos son santos, o malo, malo
Lo que pasa es que hemos aprendido a nadar y guardar la ropa, y, eso es imposible, a estar a bien con todos, a yo no me meto en líos, yo respeto, y, claro esta de esa forma, quien nos va perseguir, si adoramos los ídolos que nos presentan
Si hemos pasado del, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, a decir, bueno, “ahora son otros tiempos”; “yo personalmente no, pero no me opongo”, “quién sabe, todo cambia”
Y, los que alzan la voz en contra, son reaccionarios, fascistas, o comunistas, depende, retrógrados,  “mejor se ocupasen de lo suyo”, porque muchos siguen, o seguimos pensando a veces, que ser cristiano es ir de capuchón en Semana Santa,  o ser de la cofradía del Carmen
Y, no se trata de imponer, se trata de exigir respeto, y, defender la verdad, o es qué por no imponer, aceptamos que en una deuda de 12 €, si entregamos un billete de 20: nos devuelvan 3 €
Tal vez sea hora de que me pregunte
Todos me dan la razón
Nunca discuto
Todo el mundo me quiere
Me llevo bien con todos
Nadie me margina

Si es así, malo, malísimo

domingo, 13 de agosto de 2017

Sin La Eucaristía, La Escritura es puro papel



Sin la Eucaristía, la Escritura se queda en nada, en puro papel
Pensemos por un  momento en el episodio de Emaús; los discípulos han oído la explicación de La Escritura, su corazón ha latido acelerado, pero al llegar a la esquina, “el extranjero”, se despide, tras desearles buen camino
Ellos seguramente durante un tiempo, habrían reflexionado sobre lo que “el extranjero”, les había dicho, pero poco a poco su racionalismo, lo habría descartado

Pues con esto es lo mismo, la lectura, la oración bíblica, es “el extranjero”: Jesús que sin conocer todavía encontramos en el Camino de la vida, nos alegra, nos fortalece, si, pero sí no lo recibimos en La Eucaristía, si no lo adoramos en el Pan y el Vino, pronto, La Escritura no será más que una colección de libros de otro tiempo, y, poco a poco empezaremos primero con la crítica, luego con el rechazo, o, peor con la indiferencia, ya no, nos dirá nada, será palabra, letra muerta, porque La Palabra es Jesús, y, hace falta no sólo leerla, también comerla

Cuando fue mi primer encuentro con Jesús, consciente de que era Él


Cuándo fue mi primer encuentro con Jesús, consciente de que era él
No, hablo de la fe de la infancia que era un poco la de la familia, catequistas, maestros, mejor dicho maestra, porque esa fe, que si era fe, no se diferenciaba mucho de la creencia en los reyes magos, las hadas
Sino al encuentro con Jesús, a saber que era él, que estaba ahí
Así a lo grande ninguno
Pero si los hubo, y, los hay, vienen siempre cuando lo necesito, pero en el momento que no lo busco
El primero al que voy a referirme, otro día le tocará tal vez a otros, fue por medio de una profesora de religión
Yo tenía buenas notas en religión, pero porque me gustaban las historias de la Biblia, del mismo modo que los tebeos que leía, iba a Misa si llovía, eso si, me declaraba católica y superformada, lo propio de una cría adolescente, la asignatura de religión era una más, que encima era más fácil que la lengua, o las matemáticas
Pero llego Conchita, doña Concepción, a la que habíamos puesto el mote de “La Popea”, un día tras la clase se quedó hablando con nosotros como hacía otras veces, y, fue preguntándonos, qué importancia  le dábamos a la religión, si pensábamos que aprobaríamos, no recuerdo las respuestas que hubo, ni la mía siquiera, sí que todos respondimos, al menos la mayoría, que esperábamos aprobar, ella nos miró  y dijo, “¿El examen final?”, si claro respondimos, puede que fuera, “Sí, señorita”, ella volvió a preguntar. ¿El final, el Final, Final? Un compañero se adelantó y dijo, Cuántos va haber señorita
Solo uno, que importe solo uno, lo de junio es una evaluación eso es lo de menos, me refiero al que se os hará al final de vuestra vida, él que se nos hará, cuándo Jesús nos pregunte, si hemos vivido como Él, y, con Él. Aquí hizo una pausa, y prosiguió, yo aquí os enseño unos conceptos, pero la religión no es una asignatura; es la vida, en el caso de la religión cristiana, que es la nuestra es la vida, en Cristo, yo trato con la ayuda de Dios, de ayudaros a que sepáis buscarlo, dejaros encontrar, como recibir sus sacramentos, como encontrarlo en la Biblia, que no es un libro de historietas, pero el resto tendréis que hacerlo vosotros, yendo a pasar exámenes parciales muchas veces al confesionario, para que al final si Dios quiere se os conceda Matrícula de honor, y, si no, por lo menos Sobresaliente, pero tampoco hay que alarmarse si estáis en simple aprobado, hay sala de mejora, o recuperación, el purgatorio. Procurar que por vuestra culpa, no se os suspenda, porque solo vosotros seréis los responsables de vuestro infierno no Dios. La religión no es como la geografía o la historia, para tener conocimientos, es para vivir con Dios y frente a Dios, no importa mucho ni poco que sepáis datos, si no que viváis el Evangelio, y, si sabéis muchos datos,  pero vuestra vida es como la de un ateo, sois unos ignorantes, y, no sabéis nada. Santa Teresa dice, “Al final de la jornada, aquel que se salva, sabe, y, él que no, no sabe nada”
No digáis nunca que sois expertos en religión, los únicos expertos en religión son los santos del Cielo, decid pero sobre todo vivirlo, que sois personas que con la ayuda de Dios, se esfuerzan por vivir de acuerdo con su fe, y, por eso se forman día a día, aunque ya tengan 90 años
Salí cambiada de aquella clase, me sentía bien y mal, mal porque había perdido mucho el tiempo, bien porque ya sabía lo debía hacer, me equivocaba un poco, pero eso es otro tema

Pero había descubierto a Jesús vivo, me acababa de hablar por mi profesora, la religión no era un juego, ni una asignatura, era es el encuentro con Dios

Todos dependemos en todo



Todos dependemos en todo, unos  de otros
Y, esto a todos los niveles, el ser humano es un ser dependiente de su misma especie, puede estar un tiempo solo sin contacto humano, aparente, pero si este se prolongase demasiado sucedería la locura
Los animales acompañan, pero no son compañía, y no lo son, porque aún siendo criaturas igual que nosotros, hay un salto, de unos a otros, un perro, o un gato pueden estar tristes si te ven triste, o alegres si te ven alegre, pero nunca diferenciaran si estas triste por una película, porque perdió tu equipo, o porque se te ha muerto alguien, lo mismo vale para la alegría
No pueden aconsejar, ni reprender
Esta es una de las primeras enseñanzas de la Biblia, Dios hace pasar ante el hombre a todos los seres vivos, y, no hay ninguno semejante a él, y, entonces Dios que ha decidido que no es bueno que el hombre este solo, crea otro ser humano, en este caso la mujer
Y, desde entonces dependemos de los demás, y los demás de nosotros
Nacemos de unos seres humanos, que nos crian educan y transmiten la primera fe
Otros seres humanos sacerdotes, educadores, maestros formadores,  dan forma a nuestra mente, nuestra inteligencia,  nuestra fe
Otros cuidan nuestra salud
Dependemos de los que cultivan la tierra
De los que conducen el transporte
Y, tras la salida de este mundo seguimos dependiendo
Si hemos aterrizado en el Cielo, de los que glorifiquen a Dios por haber tenido misericordia de nosotros
Si optamos por el salón de belleza, del Purgatorio, dependemos de los de la tierra, y de los del Cielo
En el único sitio que no se depende de nadie, ni nadie depende de uno, porque solo hay odio y egoísmo es el Infierno
Pero en el Cielo, en la tierra, en el purgatorio dependemos unos de otros, y todos juntos de Cristo, a esto se le llama Comunión de los Santos, los no creyentes que sólo lo conocen a medias lo llaman, “Solidaridad”
Es tan importante que el 2º precepto que resume la Tora, el Decálogo, es este, “Amar al prójimo como a ti mismo”, porque al amar al otro, te estas amando tú mismo”



sábado, 12 de agosto de 2017

Jornada mundial de los pobres. 19 de noviembre Papa Francisco



Jornada mundial de los pobres

Al concluir el Año de la Misericordia, el Papa Francisco instituyó la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará por primera vez el 19 de noviembre de 2017 con el lema No amemos de palabra sino con obras. En su mensaje programático para la Jornada, presentado este martes, el Santo Padre afirma que el objetivo de esta cita es «estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche» y lograr que «las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos». Por eso, pide que cada realidad de la Iglesia «se comprometa a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta», así como de oración común

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).
Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.
2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).
«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).
3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.
Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.
No pensemos solo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).
Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.
. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).
Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.
5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.
Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.
Todos estos pobres –como solía decir el beato Pablo VI– pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico»(Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.
6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.
Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.
7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.
En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.
8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.
9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos –que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres–, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.
Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.
Papa Francisco
Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua

Fecha de Publicación: 13 de Junio de 2017

Nadie esta libre de no repetir el Holocausto, "un judío en Shalom"



Nadie está libre de no repetir el Holocausto nazi, el mal está en nuestra psique (judío en Shalooo)
Completamente cierto, es el pecado original, todos somos capaces de hacer las mismas burradas que los nazis, y hasta de superarlo, cuando se da a Dios de lado, y se cambia por un dios
Ahí está el yihadismo satánico
Ahí están Corea del Norte y China
Ahí están los que persiguen a los cristianos en Oriente
Pero si ir más lejos, los que practican abortos troceando criaturas vivas en el útero materno, con la bendición del Estado
Si es cierto podemos repetir el Holocausto, mejor dicho ya lo estamos haciendo a pocos, veladamente
En ambos casos quien está detrás es satán